¿Fatiga crónica?


¿ Fatiga crónica ?

(El texto es transcripción del vídeo que encuentras más abajo)

¿Cómo evitar un error nutricional que te puede llevar a sufrir fatiga crónica, mareos, ansiedad, mente acelerada, falta de concentración mental, ataques de pánico, problemas de piel, síndrome premenstrual, ojos rojos, dolores de cabeza, problemas de atención e incluso depresión?

Este error lo cometen muchas personas que basan su dieta en alimentos de origen vegetal, que siguen una dieta macrobiótica, vegana, light, baja en grasas. Todas estas personas corren el riesgo de sufrir los síntomas que acabamos de mencionar y muchos más.

Vamos hablar de 2 minerales que funcionan en el organismo de forma coordinada. A veces de forma complementaria y a veces en oposición. Se trata del zinc y el cobre. Hablaremos en primer lugar del zinc.

El zinc es un elemento fundamental para que nuestro organismo funcione de forma óptima. Tiene funciones muy importantes en nuestro sistema inmunológico, afecta a la inmunidad mediada por las células. Es un importante antioxidante, es antiinflamatorio y, fíjate que hay muchas enfermedades crónicas muy presentes en nuestra cultura occidental y en el mundo actual, que conllevan precisamente oxidación celular, estrés oxidativo e inflamación. Por ejemplo, la arteriosclerosis, el cáncer, los trastornos neurodegenerativos, la artritis reumatoide.

El zinc forma parte también de los neurotransmisores, así que participa en la trasmisión de los impulsos nerviosos de las células nerviosas de todo el organismo. Hay más de 300 enzimas que requieren zinc. 2000 factores de transcripción dependientes del zinc involucrados en la biología celular y, como decimos que es un antioxidantes, inhibe la formación de radicales libres.

También es necesario el zinc para que las glándulas adrenales funcionen de forma adecuada, mejor dicho para que las células adrenales puedan producir todas aquellas hormonas que nos ayudan a resistir al estrés.

El zinc puede ayudar cuando nos cogemos un resfriado. Si lo tomamos en las primeras 24 horas conseguiremos reducir en un 50% la duración y la severidad del resfriado.

El zinc evita las lesiones dermatológicas y ayuda a curar la piel.

Como hemos dicho participa en el sistema inmunitario, por lo tanto produce una mejoría en el sistema inmune.

Un buen aporte de zinc ayuda a tener funciones cognitivas sanas.

También se ha comprobado que previene la degeneración macular y puede prevenir la ceguera. Y en los ancianos se ha comprobado que ayuda a evitar problemas respiratorios.

¿Qué síntomas nos indican que hay deficiencia de zinc?

  • Tener la piel áspera, escamada o frágil,
  • la falta de apetito,
  • el letargo mental,
  • infecciones frecuentes.
  • En casos severos puede producir manchas blancas en las uñas o uñas deformadas.

Las personas que tienen gran deficiencia de zinc no perciben los sabores salados, dulces, amargos. Tienen problemas para adaptarse a la oscuridad, tienen niveles bajos de testosterona y poco esperma.

¿Qué alimentos nos ayudan a obtener zinc para nuestro organismo, en cantidades óptimas y fácilmente asimilables?

Única y exclusivamente alimentos de origen animal. Fundamentalmente, las carnes rojas y los huevos. Precisamente dos alimentos que han sido atacados en los últimos años, que de alguna manera han sido  demonizados. Nos han dicho que son malísimos. Pues NO, son buenisimos. Nos aportan muchos nutrientes entre ellos el zinc.   

Hay alimentos que roban zinc de nuestro organismo como son:

  • el alcohol,
  • el café,
  • el azúcar,
  • el ácido fítico de las legumbres, de los cereales y de los frutos secos (este ácido nos roba zinc porque impide que se absorban los minerales).

Y el chocolate y el té que tienen grandes cantidades de cobre evitan que tengamos una ratio de zinc y cobre adecuada. Y el zinc es un elemento que no almacenamos en nuestro organismo, por lo tanto, tenemos que obtenerlo a partir de la dieta.

La deficiencia de zinc lleva aparejado un desequilibrio entre el cobre y el zinc.

El cobre es un oligoelemento que está muy presente en todo tipo de alimentos. Lo necesitamos en nuestro organismo en cantidades mínimas. Necesitamos un proporción de zinc y cobre, de 8 de zinc por 1 de cobre. Esta proporción es precisamente la que contienen los huevos, así que el huevo es un alimento que nos aporta el zinc y el cobre que necesitamos en la proporción óptima.

La deficiencia de zinc conlleva un desequilibrio, un exceso de cobre, y esto conlleva una acumulación tóxica de cobre en todos los tejidos de nuestro organismo.

Al haber exceso de cobre también se elimina el zinc a través de la excreción y, sin embargo, a través de análisis de sangre muchas veces no se detecta, porque el nivel de cobre en sangre se mantiene normal.

¿Qué síntomas nos avisan de este desequilibrio entre el  zinc y el cobre?

La fatiga crónica y a más largo plazo problemas digestivos y en el metabolismo celular.

Y estos problemas digestivos tienen que ver con disfunciones en el hígado y en la vesícula biliar, que llevan a disfunciones y dificultades para digerir las proteínas y las grasas.

Esto es lo que lleva a muchas personas veganas o macrobióticas o personas que basan su alimentación en alimentos de origen vegetal a que no puedan comer proteínas y grasas. Sus cuerpos las rechazan y dicen que no las pueden digerir.

Efectivamente, no las pueden digerir porque su hígado y su vesícula biliar no están funcionando de forma adecuada, están disfuncionales y esto va llevando a estas personas a que no puedan elegir libremente su dieta, van a estar forzados por el colapso progresivo de su metabolismo.

Estas personas tenderán cada vez más a comer alimentos de origen vegetal, verduras y frutas y a evitar las grasas y las proteínas de origen animal, y esto irá haciendo cada vez más agudo el problema, más agudo el desequilibrio entre el zinc y el cobre.

Cuando hay buen aporte de zinc y proteínas de calidad para unirse al cobre, éste puede manejarse de forma adecuada y libre, y el exceso se expulsará a través de la bilis.

Cuando la dieta no provee suficiente aporte de zinc ni proteínas de calidad ni grasas que promuevan la producción de bilis, esto lleva a una acumulación tóxica de cobre en los tejidos. Es una toxicidad de bajo nivel que interfiere con muchos sistemas en el organismo.

¿Qué factores influyen en este exceso de cobre?

La deficiencia de zinc, el ácido fítico de los cereales, de las legumbre y de los frutos secos, que interfiere con la absorción del zinc. Y la deficiencia de zinc acentúa el exceso de cobre. La píldora anticonceptiva, otros medicamentos que aumentan la retención de cobre y el estrés, que contribuye enormemente a la pérdida de zinc.

Los síntomas de un exceso de cobre son:

  • fatiga crónica,
  • mareos,
  • ansiedad,
  • mente acelerada,
  • falta de claridad mental,
  • ataques de pánico,
  • problemas de piel,
  • síndrome premenstrual,
  • ojos enrojecidos,
  • dolor de cabeza.

El cobre es un antifúngico natural del organismo, pero cuando hay exceso de cobre y está atrapado en los tejidos, no está disponible. Entonces, se producen candidiasis e infecciones víricas.

La deficiencia de zinc también favorece las infecciones bacterianas porque afecta al sistema inmunológico.

La vitamina C favorece la eliminación del exceso de cobre. Y las vitaminas A y D, que son vitaminas liposolubles, y por lo tanto necesitan grasas para poder transportarse en el organismo, son esenciales para la absorción de minerales, entre ellos el zinc.

También necesitamos las grasas sanas de origen animal, para que las vitaminas A y D se puedan transportar en el organismo de forma óptima, para que se pueda realizar la función biliar.

Necesitamos proteínas de buena calidad, de origen animal, en la dieta, para que se puedan unir al cobre y pueda ser utilizado de forma adecuada y para que haya un aporte suficiente de zinc.

En conclusión, es necesario tener un buen aporte de zinc. Es decir, un buen aporte de proteína de calidad de origen animal: carnes rojas, huevos, pescados, grasas de calidad de origen animal que favorezcan la producción de bilis.

Todo esto es lo que va hacer que podamos eliminar el exceso de cobre tóxico de los tejidos. Exceso que se produce porque todos los alimentos contienen cobre y es muy fácil llegar a un exceso de este elemento. Sobre todo y fundamentalmente si las dietas son ricas en alimentos de origen vegetal y pobres en alimentos de origen animal.

Así que, a comer carnes, pescados, huevos, panceta, cosas ricas, eso sí, sin panes o cereales que lo que aportan es ácido fítico que nos roba zinc.


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