¿Fatiga crónica?


¿ Fatiga crónica ?

(El texto es transcripción del vídeo que encuentras más abajo)

¿Cómo evitar un error nutricional que te puede llevar a sufrir fatiga crónica, mareos, ansiedad, mente acelerada, falta de concentración mental, ataques de pánico, problemas de piel, síndrome premenstrual, ojos rojos, dolores de cabeza, problemas de atención e incluso depresión?

Este error lo cometen muchas personas que basan su dieta en alimentos de origen vegetal, que siguen una dieta macrobiótica, vegana, light, baja en grasas. Todas estas personas corren el riesgo de sufrir los síntomas que acabamos de mencionar y muchos más.

Vamos hablar de 2 minerales que funcionan en el organismo de forma coordinada. A veces de forma complementaria y a veces en oposición. Se trata del zinc y el cobre. Hablaremos en primer lugar del zinc.

El zinc es un elemento fundamental para que nuestro organismo funcione de forma óptima. Tiene funciones muy importantes en nuestro sistema inmunológico, afecta a la inmunidad mediada por las células. Es un importante antioxidante, es antiinflamatorio y, fíjate que hay muchas enfermedades crónicas muy presentes en nuestra cultura occidental y en el mundo actual, que conllevan precisamente oxidación celular, estrés oxidativo e inflamación. Por ejemplo, la arteriosclerosis, el cáncer, los trastornos neurodegenerativos, la artritis reumatoide.

El zinc forma parte también de los neurotransmisores, así que participa en la trasmisión de los impulsos nerviosos de las células nerviosas de todo el organismo. Hay más de 300 enzimas que requieren zinc. 2000 factores de transcripción dependientes del zinc involucrados en la biología celular y, como decimos que es un antioxidantes, inhibe la formación de radicales libres.

También es necesario el zinc para que las glándulas adrenales funcionen de forma adecuada, mejor dicho para que las células adrenales puedan producir todas aquellas hormonas que nos ayudan a resistir al estrés.

El zinc puede ayudar cuando nos cogemos un resfriado. Si lo tomamos en las primeras 24 horas conseguiremos reducir en un 50% la duración y la severidad del resfriado.

El zinc evita las lesiones dermatológicas y ayuda a curar la piel.

Como hemos dicho participa en el sistema inmunitario, por lo tanto produce una mejoría en el sistema inmune.

Un buen aporte de zinc ayuda a tener funciones cognitivas sanas.

También se ha comprobado que previene la degeneración macular y puede prevenir la ceguera. Y en los ancianos se ha comprobado que ayuda a evitar problemas respiratorios.

¿Qué síntomas nos indican que hay deficiencia de zinc?

  • Tener la piel áspera, escamada o frágil,
  • la falta de apetito,
  • el letargo mental,
  • infecciones frecuentes.
  • En casos severos puede producir manchas blancas en las uñas o uñas deformadas.

Las personas que tienen gran deficiencia de zinc no perciben los sabores salados, dulces, amargos. Tienen problemas para adaptarse a la oscuridad, tienen niveles bajos de testosterona y poco esperma.

¿Qué alimentos nos ayudan a obtener zinc para nuestro organismo, en cantidades óptimas y fácilmente asimilables?

Única y exclusivamente alimentos de origen animal. Fundamentalmente, las carnes rojas y los huevos. Precisamente dos alimentos que han sido atacados en los últimos años, que de alguna manera han sido  demonizados. Nos han dicho que son malísimos. Pues NO, son buenisimos. Nos aportan muchos nutrientes entre ellos el zinc.   

Hay alimentos que roban zinc de nuestro organismo como son:

  • el alcohol,
  • el café,
  • el azúcar,
  • el ácido fítico de las legumbres, de los cereales y de los frutos secos (este ácido nos roba zinc porque impide que se absorban los minerales).

Y el chocolate y el té que tienen grandes cantidades de cobre evitan que tengamos una ratio de zinc y cobre adecuada. Y el zinc es un elemento que no almacenamos en nuestro organismo, por lo tanto, tenemos que obtenerlo a partir de la dieta.

La deficiencia de zinc lleva aparejado un desequilibrio entre el cobre y el zinc.

El cobre es un oligoelemento que está muy presente en todo tipo de alimentos. Lo necesitamos en nuestro organismo en cantidades mínimas. Necesitamos un proporción de zinc y cobre, de 8 de zinc por 1 de cobre. Esta proporción es precisamente la que contienen los huevos, así que el huevo es un alimento que nos aporta el zinc y el cobre que necesitamos en la proporción óptima.

La deficiencia de zinc conlleva un desequilibrio, un exceso de cobre, y esto conlleva una acumulación tóxica de cobre en todos los tejidos de nuestro organismo.

Al haber exceso de cobre también se elimina el zinc a través de la excreción y, sin embargo, a través de análisis de sangre muchas veces no se detecta, porque el nivel de cobre en sangre se mantiene normal.

¿Qué síntomas nos avisan de este desequilibrio entre el  zinc y el cobre?

La fatiga crónica y a más largo plazo problemas digestivos y en el metabolismo celular.

Y estos problemas digestivos tienen que ver con disfunciones en el hígado y en la vesícula biliar, que llevan a disfunciones y dificultades para digerir las proteínas y las grasas.

Esto es lo que lleva a muchas personas veganas o macrobióticas o personas que basan su alimentación en alimentos de origen vegetal a que no puedan comer proteínas y grasas. Sus cuerpos las rechazan y dicen que no las pueden digerir.

Efectivamente, no las pueden digerir porque su hígado y su vesícula biliar no están funcionando de forma adecuada, están disfuncionales y esto va llevando a estas personas a que no puedan elegir libremente su dieta, van a estar forzados por el colapso progresivo de su metabolismo.

Estas personas tenderán cada vez más a comer alimentos de origen vegetal, verduras y frutas y a evitar las grasas y las proteínas de origen animal, y esto irá haciendo cada vez más agudo el problema, más agudo el desequilibrio entre el zinc y el cobre.

Cuando hay buen aporte de zinc y proteínas de calidad para unirse al cobre, éste puede manejarse de forma adecuada y libre, y el exceso se expulsará a través de la bilis.

Cuando la dieta no provee suficiente aporte de zinc ni proteínas de calidad ni grasas que promuevan la producción de bilis, esto lleva a una acumulación tóxica de cobre en los tejidos. Es una toxicidad de bajo nivel que interfiere con muchos sistemas en el organismo.

¿Qué factores influyen en este exceso de cobre?

La deficiencia de zinc, el ácido fítico de los cereales, de las legumbre y de los frutos secos, que interfiere con la absorción del zinc. Y la deficiencia de zinc acentúa el exceso de cobre. La píldora anticonceptiva, otros medicamentos que aumentan la retención de cobre y el estrés, que contribuye enormemente a la pérdida de zinc.

Los síntomas de un exceso de cobre son:

  • fatiga crónica,
  • mareos,
  • ansiedad,
  • mente acelerada,
  • falta de claridad mental,
  • ataques de pánico,
  • problemas de piel,
  • síndrome premenstrual,
  • ojos enrojecidos,
  • dolor de cabeza.

El cobre es un antifúngico natural del organismo, pero cuando hay exceso de cobre y está atrapado en los tejidos, no está disponible. Entonces, se producen candidiasis e infecciones víricas.

La deficiencia de zinc también favorece las infecciones bacterianas porque afecta al sistema inmunológico.

La vitamina C favorece la eliminación del exceso de cobre. Y las vitaminas A y D, que son vitaminas liposolubles, y por lo tanto necesitan grasas para poder transportarse en el organismo, son esenciales para la absorción de minerales, entre ellos el zinc.

También necesitamos las grasas sanas de origen animal, para que las vitaminas A y D se puedan transportar en el organismo de forma óptima, para que se pueda realizar la función biliar.

Necesitamos proteínas de buena calidad, de origen animal, en la dieta, para que se puedan unir al cobre y pueda ser utilizado de forma adecuada y para que haya un aporte suficiente de zinc.

En conclusión, es necesario tener un buen aporte de zinc. Es decir, un buen aporte de proteína de calidad de origen animal: carnes rojas, huevos, pescados, grasas de calidad de origen animal que favorezcan la producción de bilis.

Todo esto es lo que va hacer que podamos eliminar el exceso de cobre tóxico de los tejidos. Exceso que se produce porque todos los alimentos contienen cobre y es muy fácil llegar a un exceso de este elemento. Sobre todo y fundamentalmente si las dietas son ricas en alimentos de origen vegetal y pobres en alimentos de origen animal.

Así que, a comer carnes, pescados, huevos, panceta, cosas ricas, eso sí, sin panes o cereales que lo que aportan es ácido fítico que nos roba zinc.


Si te ha gustado este post dale a ‘me gusta’, COMPARTE y coméntame tus opiniones.


Todo lo aprendido lo enseñamos y lo practicamos en la SEMANA de Nutrición, Salud y Belleza con el Método Santos®. Si quieres saber en qué consiste, y dónde y cuándo se celebra la próximo, pincha AQUÍ.



¿Hamburguesa vegetal?


¿Te has preguntado alguna vez el por qué de la necesidad de que algunos alimentos vegetales tengan el aspecto y el sabor de los alimentos procedentes de los animales? La soja en forma de leche, de hamburguesa o de queso y el trigo en forma de seitán.

¿Te imaginas que empezasemos a producir alimentos de origen animal con forma de zanahoria, lechuga o alubias? ¿Serían más apetitosos y más sabrosos?

¿Le darías a un caballo, a una vaca o a un conejo hierba con sabor y aspecto de carne? ¿crees que se la comería? ¿crees que bebería leche de soja o comería seitán o hamburguesa vegetal? Yo nunca he hecho la prueba, así que no lo puedo asegurar, sin embargo intuyo que la vaca lo rechazaría, pues a las vacas lo que les gusta, porque es el alimento que están diseñadas para digerir y el que de verdad les nutre, es la hierba fresca y con sabor a hierba, no a carne ¿no crees?

¿Y te has dado cuenta de que los alimentos de origen animal nos suelen gustar poco condimentados y especiados? La chuleta, el filete, el pescado, los huevos, el marisco, … ¡cuanto menos condimentados más sabrosos!

¿Y te has fijado que sin embargo los alimentos de origen vegetal, salvo las frutas, nos gustan más muy condimentados, aliñados con salsas, especias, fritos o muy procesados? Las ensaladas nos gustan mucho más aliñadas, con aceite y vinagre, que sin aliñar. Y las verduras con su sofrito de ajo, pimentón y sal. Y los frutos secos tostados o fritos y salados. Y los cereales en forma de bollos, pasteles, panes, galletas.

¿Y por qué?

¿No crees que todo esto son indicios de que realmente lo que a los humanos nos apetece comer son los alimentos de origen animal? ¿Y no tendrá eso que ver con que en realidad los humanos somos más carnívoros que herbívoros y estamos diseñados para prosperar comiendo alimentos de origen animal? Y si eso fuera así, ¿no crees que sería imposible que prosperásemos alimentándonos solo de vegetales?

¿Crees que un lobo podría estar sano comiendo hamburguesas vegetales, seitán o bebiendo leche de soja?

En mi opinión los humanos solo deberíamos ingerir alimentos que pudiéramos digerir en estado crudo. Si necesitamos cocinarlo para digerirlo, es porque no estamos diseñados para alimentarnos de ello, y no nos nutre. Y entonces ¿para qué comerlo? Si lo comemos, le estaremos dando un trabajo innecesario e improductivo a nuestro organismo y estaremos impidiendo que nuestro organismo obtenga los nutrientes necesarios para estar plenamente sano.

Si crudo no lo puedes comer, entonces cocinado o procesado tampoco deberías. Porque no te sirve, no te nutre, y además ¡no te sabe bien en su estado natural!

¿Y por qué no te sabe bien? porque no estas diseñado para digerirlo.

¿Y cómo puedes saber si un alimento te sirve, te nutre y puedes digerirlo? Los animales, que todavía se guian por su instinto, lo tienen claro. Por su sabor y olor en estado crudo. Si no te sabe y te huele bien crudo, no te lo comas. Y esto también nos sirve para saber qué alimentos de origen animal proceden de animales sanos, alimentados pastando en el campo. Si una carne, pescado o huevo procede de un animal sano y feliz, criado en libertad, te olerá y te sabrá bien. Y si no es así, no te lo comas.

¿La clave? ¡Escucha a tu cuerpo!

En breve te daré información adicional sobre la importancia de ingerir alimentos crudos y sobre los gravísimos problemas de salud que conlleva el veganismo a largo plazo.


Si te ha gustado este post dale a ‘me gusta’, COMPARTE y coméntame tus opiniones.


Todo lo aprendido lo enseñamos y lo practicamos en la SEMANA de Nutrición, Salud y Belleza con el Método Santos®. Si quieres saber en qué consiste, y dónde y cuándo se celebra la próximo, pincha AQUÍ.



 

GRASAS… ¿sí o no?


 

Te voy hablar de nuevo del Dr. Weston Price. Como ya he comentado en otro post, fue un odontólogo estadounidense, que se dedicó durante 10 años a viajar examinando la alimentación de las distintas culturas tradicionales del mundo y el estado de salud de esas personas. Y observó que en aquellas culturas en las que las personas eran más sanas, tenían…

  • mejores dentaduras,
  • los dientes mejor colocados,
  • no había caries dentales,
  • las personas eran más longevas y más atléticas,
  • tenían más fortaleza física.

[spacer height=”10px”]

[spacer height=”10px”]

Weston Price observó que en esas culturas donde la gente era más sana y más longeva, entre el 50 y el 80 por ciento de las calorías de la dieta procedían de grasas, sobre todo, grasas de origen animal o  de aceite de coco cuando no había tanta disponibilidad de grasa animal. Llegó incluso a curar caries dentales, sobre todo en niños y en adolescentes, dándoles aceite de hígado de bacalao y mantequilla clarificada. Según él, el hígado de bacalao aporta vitaminas A y D, y la mantequilla clarificada aporta lo que él llamó el factor X, que luego se ha identificado como la vitamina K2 que como sabemos, es muy escasa en el mundo vegetal. Llegó a la conclusión que este factor X, esta vitamina K2, es esencial para tener buena salud, sobre todo buena salud bucal, que implica buena salud en todo el organismo. Esta vitamina K2 se encuentra mayoritariamente en las grasas de origen animal.

Por lo tanto, para mantenernos sanos, necesitamos un buen aporte de grasas buenas. Y no todas las grasas son buenas. Calificó de grasas buenas no precisamente aquellas que nos han estado diciendo en los últimos años que lo son. Nos han tratado de convencer de que las grasas buenas son los aceites vegetales. Y no es así. Las grasas buenas son las grasas de origen animal: la mantequilla, el tocino, la manteca de distintos animales. Es importante, además, acompañarla de los nutrientes de los que de forma natural van acompañadas: las proteínas y gelatinas de las carnes.

Y esas grasas saturadas son las únicas que deberíamos utilizar para cocinar, porque los aceites vegetales, salvo el aceite de coco, se deterioran mucho con las altas temperaturas y se vuelven muy tóxicas para el organismo. Así que nunca deberíamos de cocinar con aceites vegetales, salvo el aceite de coco.

Y es importante esta distinción, porque los aceites vegetales son muy ricos en un ácido graso, un tipo de grasa que es el Omega-6. Se ha comprobado que es pro-inflamatorio. Cuando hay exceso de Omega-6 se inflama el organismo.

En cambio el Omega-3, que está presente sobre todo en las grasas de origen animal, es anti-inflamatorio. Nuestros antepasados ingerían una proporción de Omega-3 y Omega-6 muy diferente a la que ingerimos hoy en día. Se acercaba mucho a una ratio de 1 a 1. Hoy en día estamos ingiriendo de 1 a 25 o 30  (1 de Omega-3 y 25 o 30 de Omega-6), y esto nos está llevando a tener todo ese tipo de enfermedades que conllevan inflamación.

Y tiene lógica, porque todos nuestros órganos esenciales tienen una composición elevadísima de grasas, pero además de grasas saturadas, parecidas a las que comemos, a las que ingerimos de los animales. La piel, el hígado, los riñones, los pulmones, el cerebro, tienen una composición elevadísima de grasa. Por lo tanto, es importantísimo, es esencial que haya un aporte de grasa buenas, para que todos esos órganos funcionen perfectamente y estén en perfecto estado.

Así que… ¡a comer muchas grasas de origen animal!, las que acompañan a las carnes que comemos. Nunca las deberíamos apartar. Y a disminuir las grasas de origen vegetal.

Mi recomendación sería utilizar como grasa vegetal, únicamente, el aceite de oliva para aliñar las ensaladas, nunca para cocinar, y en cantidad moderada. Y el aceite de coco podría ser para cocinar, aunque lo más recomendable sería cocinar con mantequilla ya sea clarificada o no, o manteca de cerdo o cualquier grasa de origen animal.


Si te ha gustado este post dale a ‘me gusta’, COMPARTE y coméntame tus opiniones.


Todo lo aprendido lo enseñamos y lo practicamos en la SEMANA de Nutrición, Salud y Belleza con el Método Santos®. Si quieres saber en qué consiste, y dónde y cuándo se celebra la próximo, pincha AQUÍ.



 

La alimentación de los humanos


No hay verdades absolutas en relación con la alimentación. Y, sobretodo, en relación a cuál era exactamente la alimentación de los humanos del paleolítico. Sin embargo, sí que hay algunos datos incuestionables.

[spacer height=”10px”]tuetanoPor ejemplo, que aquellos antepasados nuestros utilizaban herramientas hechas de piedra para extraer el tuétano de los huesos largos de animales grandes. Hay restos de huesos horadados por aquellas herramientas. Esto nos indica que ya entonces el tuétano era un alimento muy valorado. Que fuera más o menos frecuente la caza de animales grandes no podemos asegurarlo. Sin embargo, para alimentarse de animales no necesariamente tenían que ser grandes. Nuestros antepasados probablemente comían conejos, aves, insectos, huevos …

También hay datos suficientes que muestran que cuando los seres humanos empezaron a alimentarse con cereales y granos, cuando comenzaron a cultivar los campos, comenzaron a aparecer caries y problemas dentales que eran infrecuentes anteriormente. Las calaveras de hace más de 15 mil años normalmente tienen las dentaduras perfectas, con todas la piezas dentales y sin caries. Sin embargo, a partir de que el ser humano empezó a cultivar cereales, aparecen calaveras con muchos problemas dentales. Hay caries y faltan piezas dentales.

cariesLa dentadura de una persona, lo mismo que la de un animal, nos muestra el estado de salud. Eso lo sabían bien los que comerciaban con esclavos, pues se fijaban en la dentadura de la persona para tener idea sobre su estado de salud. Los que comercian con animales también lo saben.

Al continuación de este párrafo hay un link a un vídeo de la Doctora Ann Childers que muestra cómo el aparato digestivo de los seres humanos, se parece mucho más al de algunos animales carnívoros que al de animales que se alimentan de vegetales y que al de los omnívoros: http://youtu.be/ibUMRf7TPro

estomagos_comparativaEl aparato digestivo de los seres humanos tiene una parte mínima dedicada a la fermentación, lo cual implica que no podemos digerir los vegetales adecuadamente, pues para digerirlos hay que fermentarlos. Los hervíboros tienen una zona enorme de su aparato digestivo dedicada a la fermentación. Y algunos, como sabemos, son rumiantes, es decir, después de haber predigerido la comida, la mastican un buen rato de nuevo para poder digerirla.

En cuanto a la esperanza de vida en el paleolítico, no es un dato relevante para saber cómo eran de longevos, pues la media de edad bajaba muchísimo por la enorme cantidad de muertes de niños y bebés por diferentes motivos. Eso no indica nada en relación a la dieta, pues morían de accidentes, en el parto, por agresiones de animales, etc. La esperanza de vida en los niños es muchísimo más elevada hoy en día. En eso sí que hemos avanzado. Sin embargo, la esperanza de vida de los adultos está empezando a disminuir en el mundo occidental por culpa de la mala alimentación. Y el tamaño del cerebro también está empezando a disminuir por el mismo motivo. Quizás debamos replantearnos las cosas cuanto antes.

Hay culturas que vivían casi exclusivamente de alimentos de origen animal: los Inuit en Alaska y los Massais en Africa. Además, eran pueblos donde las personas eran muy longevas, carentes de enfermedades y físicamente muy robustos y atléticos. Los Massais se alimentaban casi exclusivamente de leche y sangre de sus vacas y los Inuit de carne y grasa de foca y ni los unos ni los otros sufrían de cáncer, diabetes, obesidad, hipertensión, …

La asociación entre lácteos y productos animales con todas esas enfermedades no está probada porque no sabemos qué tipo de lácteos y carnes se han utilizado para llevar a cabo esos estudios. No es lo mismo la carne de animales salvajes, que comen pastos y que no han sido hormonados ni se les han dado antibióticos y otros medicamentos, que las carnes y lácteos muy procesados, tratados con procedimientos industriales agresivos, que eliminan nutrientes esenciales de los alimentos a los que se les han añadido aditivos y sustancias que no estamos preparados para digerir y procesar, alimentos procedentes de animales que reciben una alimentación antinatural (transgénicos, piensos compuestos, granos a hervíboros, harinas elaboradas con restos de animales, etc.), hormonados, y a los que se les han dado antibióticos en exceso.

Luego, esas pruebas no son en absoluto concluyentes respecto de si esos alimentos son o no dañinos para la salud. Habría que ver cómo están de sanas las personas que comen alimentos naturales de verdad, de origen animal, de animales que comen pastos y de animales libres, felices y sanos. Eso es precisamente lo que nos lo muestran ya los Inuit y los Massais.

El tipo de alimentación que proponemos en el Método Santos ha ayudado a muchas personas a recuperar su salud. Entre ellos, a todos los miembros de nuestro equipo. Ha habido mejorías sustanciales en casos de miomas, dentaduras deterioradas, diabetes tipo II, obesidad, artrirtis reumatoide, vértigos, depresión …

No te pedimos que te lo creas. Te invitamos a que lo pruebes y después decidas por ti mismo.

Este texto surgió como respuesta a la pregunta de una persona a un post anterior y
nos parece interesante compartirlo públicamente.
Agradecemos enormemente todas las preguntas que nos formulen.


Si te ha gustado este post dale a ‘me gusta’, COMPARTE y coméntame tus opiniones.


[spacer height=”10px”]Todo lo aprendido lo enseñamos y lo practicamos en la SEMANA de Nutrición, Salud y Belleza con el Método Santos®. Si quieres saber en qué consiste, y dónde y cuándo se celebra la próximo, pincha AQUÍ.



¿Existe la comida basura?


Desde mi punto de vista NO, porque o es comida o es basura.
Hay cosas que huelen bien, saben bien, tienen buen aspecto, sin embargo, realmente son basura, no son comida.[spacer height=”20px”]

[youtube id=”NEjQnVaTh5U” align=”center” mode=”lazyload” autoplay=”no”]

¿Qué deberíamos considerar comida?

Desde mi punto de vista a todo aquello que nuestros antepasados, pero nuestros antepasados del paleolítico, nuestros antepasados de hace 30.000, 40.000, 50.000 años, 1 millón de años, podrían reconocer como comida. Considero que si nuestros antepasados remotos no lo reconocieran como comida, no deberíamos de ingerirlo. Y esto implica todos los alimentos que tienen algún tipo de procesado. Si un alimento necesita ser procesado para que lo podamos ingerir es porque probablemente no estamos diseñados para poder ingerirlo y poder utilizarlo adecuadamente.

Nuestro aparato digestivo es igual al de nuestros antepasados de hace un millón y dos millones de años. Está diseñado para transformar y utilizar los nutrientes de los alimentos que en aquella época ingerían. Las adaptaciones, los cambios adaptativos necesitan muchos miles de años para poder llevarse a cabo. Nuestro sistema digestivo y todo nuestro organismo está adaptado a ingerir los alimentos que ingerían aquellos antepasados tan remotos.

Nuestro organismo no está suficientemente adaptado a procesar y utilizar los alimentos que ingerimos desde hace 25, 50, 100 años e incluso 1.000 años o 10.000 años. Para que se produzca un cambio adaptativo que permita que utilicemos adecuadamente los alimentos, necesitamos unos 70.000 años. Entonces, tenemos que pensar cuáles son esos alimentos que ingerían nuestros antepasados hace más de 70.000 años. Y los que ingerían son los que la naturaleza nos proveía: los animales que podíamos cazar, los huevos, las raíces, los tubérculos, las hojas de ciertas plantas, las frutas. Esos sí son alimentos que nuestros antepasados probablemente ingerían, pero no alimentos procesados como los que comemos actualmente en nuestra época civilizada.

Tiene buen aspecto, pero... ¿qué contiene?

Tiene buen aspecto, pero… ¿qué contiene?

Así que la comida basura ni siquiera es comida, son sustancias que nuestro organismo y nuestro aparato digestivo no reconoce como comida y que probablemente no nos aportan ningún nutriente o mínima cantidad de nutrientes y sí nos aportan muchas toxinas y muchas sustancias que el aparato digestivo no puede procesar y que nuestro organismo no puede aprovechar.

 


 

Si te ha gustado este post dale a ‘me gusta’, COMPARTE y coméntame tus opiniones.


[spacer height=”10px”]Todo lo aprendido lo enseñamos y lo practicamos en la SEMANA de Nutrición, Salud y Belleza con el Método Santos®. Si quieres saber en qué consiste, y dónde y cuándo se celebra la próximo, pincha AQUÍ.