GRASAS… ¿sí o no?


 

Te voy hablar de nuevo del Dr. Weston Price. Como ya he comentado en otro post, fue un odontólogo estadounidense, que se dedicó durante 10 años a viajar examinando la alimentación de las distintas culturas tradicionales del mundo y el estado de salud de esas personas. Y observó que en aquellas culturas en las que las personas eran más sanas, tenían…

  • mejores dentaduras,
  • los dientes mejor colocados,
  • no había caries dentales,
  • las personas eran más longevas y más atléticas,
  • tenían más fortaleza física.

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Weston Price observó que en esas culturas donde la gente era más sana y más longeva, entre el 50 y el 80 por ciento de las calorías de la dieta procedían de grasas, sobre todo, grasas de origen animal o  de aceite de coco cuando no había tanta disponibilidad de grasa animal. Llegó incluso a curar caries dentales, sobre todo en niños y en adolescentes, dándoles aceite de hígado de bacalao y mantequilla clarificada. Según él, el hígado de bacalao aporta vitaminas A y D, y la mantequilla clarificada aporta lo que él llamó el factor X, que luego se ha identificado como la vitamina K2 que como sabemos, es muy escasa en el mundo vegetal. Llegó a la conclusión que este factor X, esta vitamina K2, es esencial para tener buena salud, sobre todo buena salud bucal, que implica buena salud en todo el organismo. Esta vitamina K2 se encuentra mayoritariamente en las grasas de origen animal.

Por lo tanto, para mantenernos sanos, necesitamos un buen aporte de grasas buenas. Y no todas las grasas son buenas. Calificó de grasas buenas no precisamente aquellas que nos han estado diciendo en los últimos años que lo son. Nos han tratado de convencer de que las grasas buenas son los aceites vegetales. Y no es así. Las grasas buenas son las grasas de origen animal: la mantequilla, el tocino, la manteca de distintos animales. Es importante, además, acompañarla de los nutrientes de los que de forma natural van acompañadas: las proteínas y gelatinas de las carnes.

Y esas grasas saturadas son las únicas que deberíamos utilizar para cocinar, porque los aceites vegetales, salvo el aceite de coco, se deterioran mucho con las altas temperaturas y se vuelven muy tóxicas para el organismo. Así que nunca deberíamos de cocinar con aceites vegetales, salvo el aceite de coco.

Y es importante esta distinción, porque los aceites vegetales son muy ricos en un ácido graso, un tipo de grasa que es el Omega-6. Se ha comprobado que es pro-inflamatorio. Cuando hay exceso de Omega-6 se inflama el organismo.

En cambio el Omega-3, que está presente sobre todo en las grasas de origen animal, es anti-inflamatorio. Nuestros antepasados ingerían una proporción de Omega-3 y Omega-6 muy diferente a la que ingerimos hoy en día. Se acercaba mucho a una ratio de 1 a 1. Hoy en día estamos ingiriendo de 1 a 25 o 30  (1 de Omega-3 y 25 o 30 de Omega-6), y esto nos está llevando a tener todo ese tipo de enfermedades que conllevan inflamación.

Y tiene lógica, porque todos nuestros órganos esenciales tienen una composición elevadísima de grasas, pero además de grasas saturadas, parecidas a las que comemos, a las que ingerimos de los animales. La piel, el hígado, los riñones, los pulmones, el cerebro, tienen una composición elevadísima de grasa. Por lo tanto, es importantísimo, es esencial que haya un aporte de grasa buenas, para que todos esos órganos funcionen perfectamente y estén en perfecto estado.

Así que… ¡a comer muchas grasas de origen animal!, las que acompañan a las carnes que comemos. Nunca las deberíamos apartar. Y a disminuir las grasas de origen vegetal.

Mi recomendación sería utilizar como grasa vegetal, únicamente, el aceite de oliva para aliñar las ensaladas, nunca para cocinar, y en cantidad moderada. Y el aceite de coco podría ser para cocinar, aunque lo más recomendable sería cocinar con mantequilla ya sea clarificada o no, o manteca de cerdo o cualquier grasa de origen animal.


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La alimentación de los humanos


No hay verdades absolutas en relación con la alimentación. Y, sobretodo, en relación a cuál era exactamente la alimentación de los humanos del paleolítico. Sin embargo, sí que hay algunos datos incuestionables.

[spacer height=”10px”]tuetanoPor ejemplo, que aquellos antepasados nuestros utilizaban herramientas hechas de piedra para extraer el tuétano de los huesos largos de animales grandes. Hay restos de huesos horadados por aquellas herramientas. Esto nos indica que ya entonces el tuétano era un alimento muy valorado. Que fuera más o menos frecuente la caza de animales grandes no podemos asegurarlo. Sin embargo, para alimentarse de animales no necesariamente tenían que ser grandes. Nuestros antepasados probablemente comían conejos, aves, insectos, huevos …

También hay datos suficientes que muestran que cuando los seres humanos empezaron a alimentarse con cereales y granos, cuando comenzaron a cultivar los campos, comenzaron a aparecer caries y problemas dentales que eran infrecuentes anteriormente. Las calaveras de hace más de 15 mil años normalmente tienen las dentaduras perfectas, con todas la piezas dentales y sin caries. Sin embargo, a partir de que el ser humano empezó a cultivar cereales, aparecen calaveras con muchos problemas dentales. Hay caries y faltan piezas dentales.

cariesLa dentadura de una persona, lo mismo que la de un animal, nos muestra el estado de salud. Eso lo sabían bien los que comerciaban con esclavos, pues se fijaban en la dentadura de la persona para tener idea sobre su estado de salud. Los que comercian con animales también lo saben.

Al continuación de este párrafo hay un link a un vídeo de la Doctora Ann Childers que muestra cómo el aparato digestivo de los seres humanos, se parece mucho más al de algunos animales carnívoros que al de animales que se alimentan de vegetales y que al de los omnívoros: http://youtu.be/ibUMRf7TPro

estomagos_comparativaEl aparato digestivo de los seres humanos tiene una parte mínima dedicada a la fermentación, lo cual implica que no podemos digerir los vegetales adecuadamente, pues para digerirlos hay que fermentarlos. Los hervíboros tienen una zona enorme de su aparato digestivo dedicada a la fermentación. Y algunos, como sabemos, son rumiantes, es decir, después de haber predigerido la comida, la mastican un buen rato de nuevo para poder digerirla.

En cuanto a la esperanza de vida en el paleolítico, no es un dato relevante para saber cómo eran de longevos, pues la media de edad bajaba muchísimo por la enorme cantidad de muertes de niños y bebés por diferentes motivos. Eso no indica nada en relación a la dieta, pues morían de accidentes, en el parto, por agresiones de animales, etc. La esperanza de vida en los niños es muchísimo más elevada hoy en día. En eso sí que hemos avanzado. Sin embargo, la esperanza de vida de los adultos está empezando a disminuir en el mundo occidental por culpa de la mala alimentación. Y el tamaño del cerebro también está empezando a disminuir por el mismo motivo. Quizás debamos replantearnos las cosas cuanto antes.

Hay culturas que vivían casi exclusivamente de alimentos de origen animal: los Inuit en Alaska y los Massais en Africa. Además, eran pueblos donde las personas eran muy longevas, carentes de enfermedades y físicamente muy robustos y atléticos. Los Massais se alimentaban casi exclusivamente de leche y sangre de sus vacas y los Inuit de carne y grasa de foca y ni los unos ni los otros sufrían de cáncer, diabetes, obesidad, hipertensión, …

La asociación entre lácteos y productos animales con todas esas enfermedades no está probada porque no sabemos qué tipo de lácteos y carnes se han utilizado para llevar a cabo esos estudios. No es lo mismo la carne de animales salvajes, que comen pastos y que no han sido hormonados ni se les han dado antibióticos y otros medicamentos, que las carnes y lácteos muy procesados, tratados con procedimientos industriales agresivos, que eliminan nutrientes esenciales de los alimentos a los que se les han añadido aditivos y sustancias que no estamos preparados para digerir y procesar, alimentos procedentes de animales que reciben una alimentación antinatural (transgénicos, piensos compuestos, granos a hervíboros, harinas elaboradas con restos de animales, etc.), hormonados, y a los que se les han dado antibióticos en exceso.

Luego, esas pruebas no son en absoluto concluyentes respecto de si esos alimentos son o no dañinos para la salud. Habría que ver cómo están de sanas las personas que comen alimentos naturales de verdad, de origen animal, de animales que comen pastos y de animales libres, felices y sanos. Eso es precisamente lo que nos lo muestran ya los Inuit y los Massais.

El tipo de alimentación que proponemos en el Método Santos ha ayudado a muchas personas a recuperar su salud. Entre ellos, a todos los miembros de nuestro equipo. Ha habido mejorías sustanciales en casos de miomas, dentaduras deterioradas, diabetes tipo II, obesidad, artrirtis reumatoide, vértigos, depresión …

No te pedimos que te lo creas. Te invitamos a que lo pruebes y después decidas por ti mismo.

Este texto surgió como respuesta a la pregunta de una persona a un post anterior y
nos parece interesante compartirlo públicamente.
Agradecemos enormemente todas las preguntas que nos formulen.


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